Mensaje de Navidad del Coordinador

… y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo
Mt 1, 1-25

Ha acabado el Adviento… Ha acabado la espera… A través de todo ese hermoso tiempo litúrgico la Iglesia nos ha dicho solo una cosa: ¡Viene el Salvador!, y el desierto se convertirá en vergel y la tierra manará leche y miel… Pero para que todo esto sea realidad la humanidad necesita creer. Creer de verdad en Jesús y su mensaje; como creyó María… El Señor está cerca para los que de verdad se lo crean.
Pero ¿cómo hemos transmitido los cristianos ese mensaje? Creo, personalmente, que no lo hemos hecho demasiado bien porque hemos conseguido llenar los grandes almacenes y supermercados y no las iglesias y templos.

En Belén no existía Guardia pretoriana ni policía armada a la puerta del lugar donde nació Jesús. El que llega entra, sin presentar pasaporte COVID, sin mascarilla. No hace falta anunciar la visita a redoble de tambores. Acerquémonos sencillamente, como uno de los pastores.
A los aprendices de buscador, que somos nosotros, se nos da una pista: Encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre (Lc 2, 12). Ahora no lo busquemos en Belén. En primer lugar, lo encontramos donde se celebra con gozo su nacimiento, especialmente en los distintos cultos de Navidad.
El niño que ha nacido se nos hace presente, además, en el que habita en la chabola, en el que acampa en un centro de acogida o pasa la noche al raso; en el que rescatan de una patera a punto de naufragar. No lo busquemos en las cenas en hoteles de cinco estrellas. Ahí no es su lugar.
Vayamos a donde está Jesús ahora. Llevémosle la ración de amor que el mundo le niega. Nos indica con precisión la identidad: el maltratado por una sociedad sin corazón, que deja tirados en el camino a los “no rentables”, a los sobrantes.
Salgamos de nuestra comodidad. A pocos metros nos toparemos con Jesús en este día. Está demasiado visible su rostro triste, desesperanzado, aunque nos empeñemos en plantar su tienda en la periferia del mundo, de la ciudad, del barrio. Si lo encontramos, debemos leer la alegría de la primera Navidad. No nos contentemos con hacerlo feliz solo en este día. Pensemos en el mañana.

ORACION

En esta noche Santa, cantamos a una sola voz:”¡Gloria en lo más alto a Dios y en la tierra paz a los hombres que la ama!”. Ilumina, Señor, a quienes caminan por tinieblas de muerte, para que celebren con nosotros el nacimiento del es “Luz para todos los pueblos” y “Príncipe de la paz”. Haz que tu amor alcance el corazón de los habitantes hasta tierra cómo y los llene de paz y felicidad. En nombre de todos y para todos: ¡Feliz Navidad!

La Comunidad Apostólica Fronteras Abiertas os desea una muy feliz y santa Navidad

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