Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2022

Un años mas los cristianos de todas las confesiones estamos llamados a orar por esa unidad perdida. Unidad que nos lleve a, tras ver su estrella, ir a adorale.
El pueblo de Dios, guiado por pastores que no se merecía, mal alimentado en su fe, cayó, en lo que siempre sucede cuando no es atendido como Dios quiere, en la búsqueda de refugios artificiales como la superstición, el sentimentalismo religioso, las devociones vacías, la rutina esterilizante, consecuencias todas ellas de la ignorancia más radical.
Es el momento de recuperar al Resucitado como centro de nuestras comunidades, recordando que, al comienzo de todo, como desencadenante de nuestra fe, lo que encontramos no es una doctrina, una institución, un cuerpo moral o una liturgia, sino una experiencia: el encuentro con Jesús, crucificado por entregar su vida a la causa de los últimos, pero resucitado por Dios como fuente de vida y esperanza para todos.
Cuando se debilita esta comunión con el Resucitado, las comunidades cristianas corren el riesgo de centrarse en sí mismas, buscar sus propios intereses y sustituir, en definitiva, el cimiento ya puesto que es Cristo por otras realidades. Es posible entonces caer en lo que T. Lorenzen llama “la cautividad eclesiológica del Espíritu”.
Porque la diferencia es también algo que llevamos dentro. Es también lo que todavía no ha sido escuchado profundamente, mirado, acogido. Es una posibilidad por estrenar en la danza de la vida entendida como relación e interdependencia. Por tanto, la diversidad no es una amenaza para la comunión, sino justo su condición. Dios es una realidad viva en el arco iris de la humanidad y del cosmos y no una verdad estática encerrada en un dogma. Como afirma Paniker la verdad es siempre relacional y cada ser humano y cultura es una fuente ontónoma de auto comprensión. El mundo, la vida, el misterio en el que somos, nos movemos y existimos (Hch 17, 28) no puede ser completamente visto e interpretado a través de una única ventana.
En ninguna parte se construirá la vida tal como la quiere Dios si no es liberando a los pobres de su miseria. Ninguna confesión será bendecida por Dios sino busca justicia para ellos. Esto es buscar el reino de Dios: poner las religiones y los pueblos, a las culturas y las políticas, mirando hacia los últimos y trabajando por su dignidad.

ORACIÓN

Te pedimos, Señor, que manifiestes en nosotros la abundancia de tus misericordias y hagas desaparecer las divisiones entre los cristianos, para que tu Iglesia aparezca como signo luminoso ante los pueblos, y el mundo, iluminado por tu Espíritu, crea en el Cristo que nos enviaste. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén







2021-2022…

El Señor te bendiga y te guarde.
El Señor te muestre su rostro radiante y tenga piedad de ti.
El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz.

Num 6, 24-26

Estamos acabando el año viejo, un año cargado de acontecimientos, tanto en la vida social como la vida de cada uno. Acontecimientos con luces y sombras, con alegrías y tristezas… Todos y cada uno de nosotros hemos caminado por la senda de nuestra vida, hemos trabajado y hemos descansado…, nos hemos esforzado en el seguimiento de Jesucristo y hemos caído en la dejadez de la infidelidad… Ponemos ante Dios el camino recorrido, las personas con las que hemos compartido la vida… Por todo ello damos gracias a Dios y solicitamos su misericordia a nuestros fallos.
Hagamos desde mañana verdad y nosotros, en nuestro hogar, en nuestras relaciones con los demás, el dicho: “¡Año nuevo, vida nueva!”. Hombres y mujeres con sensibilidades nuevas ante las situaciones de dolor y de injusticia.

La Comunidad Apostólica Fronteras Abiertas te desea un muy feliz año 2022

Mensaje de Navidad del Coordinador

… y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo
Mt 1, 1-25

Ha acabado el Adviento… Ha acabado la espera… A través de todo ese hermoso tiempo litúrgico la Iglesia nos ha dicho solo una cosa: ¡Viene el Salvador!, y el desierto se convertirá en vergel y la tierra manará leche y miel… Pero para que todo esto sea realidad la humanidad necesita creer. Creer de verdad en Jesús y su mensaje; como creyó María… El Señor está cerca para los que de verdad se lo crean.
Pero ¿cómo hemos transmitido los cristianos ese mensaje? Creo, personalmente, que no lo hemos hecho demasiado bien porque hemos conseguido llenar los grandes almacenes y supermercados y no las iglesias y templos.

En Belén no existía Guardia pretoriana ni policía armada a la puerta del lugar donde nació Jesús. El que llega entra, sin presentar pasaporte COVID, sin mascarilla. No hace falta anunciar la visita a redoble de tambores. Acerquémonos sencillamente, como uno de los pastores.
A los aprendices de buscador, que somos nosotros, se nos da una pista: Encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre (Lc 2, 12). Ahora no lo busquemos en Belén. En primer lugar, lo encontramos donde se celebra con gozo su nacimiento, especialmente en los distintos cultos de Navidad.
El niño que ha nacido se nos hace presente, además, en el que habita en la chabola, en el que acampa en un centro de acogida o pasa la noche al raso; en el que rescatan de una patera a punto de naufragar. No lo busquemos en las cenas en hoteles de cinco estrellas. Ahí no es su lugar.
Vayamos a donde está Jesús ahora. Llevémosle la ración de amor que el mundo le niega. Nos indica con precisión la identidad: el maltratado por una sociedad sin corazón, que deja tirados en el camino a los “no rentables”, a los sobrantes.
Salgamos de nuestra comodidad. A pocos metros nos toparemos con Jesús en este día. Está demasiado visible su rostro triste, desesperanzado, aunque nos empeñemos en plantar su tienda en la periferia del mundo, de la ciudad, del barrio. Si lo encontramos, debemos leer la alegría de la primera Navidad. No nos contentemos con hacerlo feliz solo en este día. Pensemos en el mañana.

ORACION

En esta noche Santa, cantamos a una sola voz:”¡Gloria en lo más alto a Dios y en la tierra paz a los hombres que la ama!”. Ilumina, Señor, a quienes caminan por tinieblas de muerte, para que celebren con nosotros el nacimiento del es “Luz para todos los pueblos” y “Príncipe de la paz”. Haz que tu amor alcance el corazón de los habitantes hasta tierra cómo y los llene de paz y felicidad. En nombre de todos y para todos: ¡Feliz Navidad!

La Comunidad Apostólica Fronteras Abiertas os desea una muy feliz y santa Navidad

Pregón de Adviento

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas.
Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.
Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».

Lc 21, 25-28. 34-36

El Adviento es el mensaje:
el Señor vendrá,
el Reino aún no se ha realizado,
todavía tiene necesidad de nuestra paciencia,
de nuestra oración, de nuestras obras,
del testimonio de nuestra esperanza.
Pero, al mismo tiempo,
el Reino ya ha comenzado,
porque el Señor que viene, ya ha venido
y vive en medio nuestro,
porque vive con nosotros.

ORACIÓN

Empezamos el Adviento con un grito: “¡Ven, Señor, no tardes!». Ven a nuestras vidas doblegadas por el cansancio, por una fe indolente, por un amor escaso. Danos el coraje de dar cada día un paso firme cómo para encontrarnos contigo en Navidad. Desde el primer día, fortalecen los pilares de nuestra esperanza. ¡Ven! No pases de largo. Te necesitamos. El mundo te necesita.
Amén