Mensaje de Pascua del Coordinador

¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado?
Ha resucitado. No esta aquí

Mc 16, 1-7

Fe • Esperanza • Amor. Esas tres poderosas palabras, las tres virtudes teologales, se destacan para nosotros en este Día de Pascua. El mundo que conocimos al comienzo de la Cuaresma no es el mundo del que somos testigos al comienzo del Tiempo Pascual. El llamado al arrepentimiento ahora se combina con el llamado a la fe: la fe en Aquel que es el Conquistador de la muerte y el Dador de la vida.
Angustiadas, asustadas, ansiosas, desconcertadas, las mujeres que fueron a la Tumba temprano en la mañana del primer día enfrentaron un mundo diferente, una vida diferente a la que habían celebrado solo una semana antes con la entrada triunfal de su Señor en La ciudad santa. Ahora yacía en una tumba prestada; Su cuerpo crucificado preparado apresuradamente a para el entierro antes del sábado. ¿Qué traería mañana? ¿Qué sería de sus vidas?
Y cuando miraron, vieron que la piedra había sido retirada; porque era muy grande. Y entrando en el sepulcro, vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una larga prenda blanca; y tenían miedo Y él les dijo: No os asustéis; sé que buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado. Pero ha resucitado, ya no está aquí (Mc 16, 4-6).
En un mundo turbulento y lleno de problemas, Jesús había venido con un mensaje de fe, esperanza y amor. Una y otra vez, consoló a los que acudieron a Él con las simples palabras: “No os asustéis”. En nuestro propio mundo turbulento de hoy, ante una pandemia, enfermedad y muerte, Jesús continúa consolándose y consolándose con las palabras: “No os asustéis”. Y como podemos, continuamos ofreciendo el mensaje del Evangelio de fe, esperanza y amor.
Aunque no podemos reunirnos en la Octava de Pascua, aún podemos dar testimonio de nuestra fe de Pascua. A través de la tecnología moderna, celebramos la alegría de la resurrección. A través de la comunicación moderna, llegamos a los que tienen miedo, a los que están aislados, a los que están enfermos, con el mensaje del poder sanador y la presencia amorosa de Cristo. Y para aquellos que han perdido seres queridos, ofrecemos nuestras oraciones y condolencias.
Las palabras de Jesús a sus discípulos, cuando se volvió hacia Jerusalén para enfrentar su pasión, se destacan en este día de Pascua: No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones. Voy a preparar un lugar. Volveré y os tomaré conmigo, para que donde este yo estéis también vosotros (Jn 14, 1-3). La nuestra es una fe de Pascua; somos un pueblo de Pascua. Profesamos nuestra fe en Jesucristo, crucificado y resucitado. A medida que participamos en el cuidado de los demás y en el bienestar de nuestras comunidades, lo hacemos con fe, esperanza y amor.
En medio de esta pandemia mundial que no terminamos de quitarnos de encima, os envío mis oraciones por una Pascua alegre y llena de esperanza. Como pueblo de fe, os recuerdo a todos la promesa de nuestro Señor a sus apóstoles de que su Iglesia perduraría y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (Mt 16, 18b). Superaremos las dificultades. Seguiremos fuertes en la fe; dando gracias a Dios por su amor inestimable en la redención del mundo por nuestro Señor Jesucristo; por los medios de gracia y por la esperanza de gloria.

Feliz Pascua de Resurrección. Aleluya, Aleluya

Mensaje del Coordinador para la Cuaresma 2021

Conviértete y cree en el Evangelio
Mc 1, 15

Con estas palabras se nos signa con las cenizas al comienzo de la Cuaresma y se nos propone el camino de la conversión. Pero la sola palabra conversión es muy amplia ya que tenemos que convertirnos toda la vida. La Cuaresma por ser un momento fuerte de gracia, pero acotado en el tiempo, nos permite con esa misma gracia poder transformar algo en nuestra vida cristiana. Esto es posible ocupándonos en ello y confiando en la gracia del Señor. Lo que expresamos no es algo instantáneo sino un proceso. Por ello este tiempo es un excelente punto de reflexión y oración. Es como cocinar a fuego lento. La conversión requiere disciplina y tiempo. Es una propuesta necesaria que podemos realizar como un ejercicio que nos proponemos todas las semanas y tal vez cada día acompañados de la lectura y meditación de la Palabra.
Dice el Profeta Joel: Vuelvan a mí de todo corazón… La Cuaresma como tiempo de conversión es un volvernos a Dios. Volver a Dios con nuestras cargas y las de los otros, volver en nuestro camino requiere pararse y comenzar a desandar el camino. A veces volverse del camino ayuda a descansar, a encontrarnos con otros, a preguntar, a pedir ayuda… Otro modo será un volvernos de nuestras actitudes duras en la familia, la falta de respeto, de escucha, de diálogo, de comprensión, de cariño y afecto, de paciencia con los niños y adolescentes, faltas de perdón, de cercanía… Desandar el camino de nuestro egoísmo, comodidad, distancias, tibieza, sequedad… volver a Dios con la confianza de que Él nos puede sacar de la inercia, de la falta de creatividad para el bien, de estar ya instalados, de sentirnos más que otros, de haber ganado un lugar, de aferrarme a mis esquemas o mis “logros”. Jesús puede regalarnos de vuelta su gracia pues es: el camino, la verdad y la vida. Volvernos como comunidad eclesial de nuestras posturas rígidas y tajantes para volver a ser el “cacharro frágil” en manos del alfarero; a la misión en cuerpo que nos libra del individualismo estéril, a la confiada oración en común que renueva nuestro fervor que apostando al tiempo de Dios, nos aleja del inmediatismo ansioso.

Oración

Haz, Señor, que en estos día de Cuaresma que hoy comenzamos sea yo más sensible a tu gracia, a tu perdon, a tu misericordía, y que con los dones que me has otorgado haga yo un poco más felices a mis hermanos.
Amén