Mensaje del Coordinador para la Cuaresma 2021

Conviértete y cree en el Evangelio
Mc 1, 15

Con estas palabras se nos signa con las cenizas al comienzo de la Cuaresma y se nos propone el camino de la conversión. Pero la sola palabra conversión es muy amplia ya que tenemos que convertirnos toda la vida. La Cuaresma por ser un momento fuerte de gracia, pero acotado en el tiempo, nos permite con esa misma gracia poder transformar algo en nuestra vida cristiana. Esto es posible ocupándonos en ello y confiando en la gracia del Señor. Lo que expresamos no es algo instantáneo sino un proceso. Por ello este tiempo es un excelente punto de reflexión y oración. Es como cocinar a fuego lento. La conversión requiere disciplina y tiempo. Es una propuesta necesaria que podemos realizar como un ejercicio que nos proponemos todas las semanas y tal vez cada día acompañados de la lectura y meditación de la Palabra.
Dice el Profeta Joel: Vuelvan a mí de todo corazón… La Cuaresma como tiempo de conversión es un volvernos a Dios. Volver a Dios con nuestras cargas y las de los otros, volver en nuestro camino requiere pararse y comenzar a desandar el camino. A veces volverse del camino ayuda a descansar, a encontrarnos con otros, a preguntar, a pedir ayuda… Otro modo será un volvernos de nuestras actitudes duras en la familia, la falta de respeto, de escucha, de diálogo, de comprensión, de cariño y afecto, de paciencia con los niños y adolescentes, faltas de perdón, de cercanía… Desandar el camino de nuestro egoísmo, comodidad, distancias, tibieza, sequedad… volver a Dios con la confianza de que Él nos puede sacar de la inercia, de la falta de creatividad para el bien, de estar ya instalados, de sentirnos más que otros, de haber ganado un lugar, de aferrarme a mis esquemas o mis “logros”. Jesús puede regalarnos de vuelta su gracia pues es: el camino, la verdad y la vida. Volvernos como comunidad eclesial de nuestras posturas rígidas y tajantes para volver a ser el “cacharro frágil” en manos del alfarero; a la misión en cuerpo que nos libra del individualismo estéril, a la confiada oración en común que renueva nuestro fervor que apostando al tiempo de Dios, nos aleja del inmediatismo ansioso.

Oración

Haz, Señor, que en estos día de Cuaresma que hoy comenzamos sea yo más sensible a tu gracia, a tu perdon, a tu misericordía, y que con los dones que me has otorgado haga yo un poco más felices a mis hermanos.
Amén

Mensaje del Coordinador para la Cuaresma de 2020

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Este es el tiempo favorable, este es el día de la salvación
2Cor 5, 20-6,2

Hoy es un buen día para comenzar el camino hacia la Pascua, hacia un encuentro más sincero con el Dios de la vida buena y en abundancia. Hoy es un buen día para dejarme alcanzar por la ternura de Dios.

La Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia (Comunidad de bautizados), para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un «tiempo de gracia» (2 Co 6,2). Dios no nos pide nada que no nos haya dado antes: «Nosotros amemos a Dios porque él nos amó primero» (1 Jn 4,19). Él no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos. Cada uno de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede. Pero ocurre que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen… Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien. Esta actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial, hasta tal punto que podemos hablar de una globalización de la indiferencia. Se trata de un malestar que tenemos que afrontar como cristianos.

Cuando el pueblo de Dios se convierte a su amor, encuentra las respuestas a las preguntas que la historia le plantea continuamente. Uno de los desafíos más urgentes sobre los que quiero detenerme en este Mensaje es el de la globalización de la indiferencia.

La indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios es una tentación real también para los cristianos. Por eso, necesitamos oír en cada Cuaresma el grito de los profetas que levantan su voz y nos despiertan.

Dios no es indiferente al mundo, sino que lo ama hasta el punto de dar a su Hijo por la salvación de cada hombre. En la encarnación, en la vida terrena, en la muerte y resurrección del Hijo de Dios, se abre definitivamente la puerta entre Dios y el hombre, entre el cielo y la tierra. Y la Comunidad cristiana es como la mano que tiene abierta esta puerta mediante la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos, el testimonio de la fe que actúa por la caridad (cf. Ga 5,6). Sin embargo, el mundo tiende a cerrarse en sí mismo y a cerrar la puerta a través de la cual Dios entra en el mundo y el mundo en Él. Así, la mano, que es la Iglesia en su multitud de Comunidades, nunca debe sorprenderse si es rechazada, aplastada o herida.

El pueblo de Dios, por tanto, tiene necesidad de renovación, para no ser indiferente y para no cerrarse en sí mismo.

Con este deseo, aseguro mi oración para que todo creyente y toda comunidad eclesial recorra provechosamente el itinerario cuaresmal, y te pido que reces por mí.

Mensaje del Coordinador al inicio de la Cuaresma

popielec
Convertíos y creed en el Evangelio
Mc 1, 15

El tiempo de Cuaresma es una invitación de Dios a hacer silencio y a buscar momentos de soledad.
Pero no basta el silencio exterior, es necesario el silencio interior, que es todavía más difícil.
Cuántas veces vamos a rezar y hasta qué punto nos asaltan las preocupaciones, los agobios que no podemos pacificar nuestro corazón.
Si somos sinceros, reconoceremos que estamos llenos de nosotros mismos, de nuestras cosas.
Las preocupaciones materiales, en no pocas personas, tienen más fuerza que las realidades espirituales.
La Cuaresma si la vivimos desde la caridad, la oración y la conversión, nos ayudará a silenciar nuestros corazones de tantos ruidos que nos estorban y distraen para escuchar a Dios.
El silencio y la soledad son e camino para lograr la paz interior, son las puertas que dan acceso al encuentro y a la escucha de una persona que está viva: Jesús de Nazaret.

Te deseo que este tiempo que comienza con el gesto de la ceniza sea un tiempo provechoso en tu relación con Dios.