Mensaje del Coordinador para la Navidad 2020

Hoy os ha nacido un Salvador
Lc 2, 1-14

Hermanas y hermanos:
Los versículos sobre el nacimiento de Cristo son inagotables. A lo largo de toda la vida, nuestra fe encuentra en ellos fuentes de alimento y conversión a una fe en el Dios del evangelio. Allí, los cristianos encontramos a nuestro Dios, nos descubrimos a nosotros mismos y a la verdad de nuestros corazones.
¿Por qué nos conciernen los acontecimientos de la Navidad? Al leerlos algo resuena en nuestro interior, como una llamada a despojarnos de nuestros caparazones, a deshacernos de nuestras corazas y de nuestra auto suficiencia. Nuestros corazones están hechos para confiar. Charles de Foucauld dice en su conocida oración: «Padre me pongo en tus manos… porque te amo y necesito darme, ponerme en tus manos con infinita confianza, porque eres mi padre».
A menudo, el corazón sólo se abre en presencia de alguien más humilde que uno mismo. No lo olvidemos: Es el Otro que está recostado en el pesebre. Pero el niño nos previene de pensar de pensar en la trascendencia como distancia o amenaza. Abriéndonos a su presencia, no perderemos nuestra libertad. Seremos guiados a hacer de nuestras vidas una «creación con». Si, el Emmanuel está ahí, en ese niño: «Dios-con-nosotros«
Ha nacido el Hijo de Dios. Eso es lo que cambia todo, lo que aporta una luz nueva y diferente a cada instante que se vive. Si realmente Dios es hombre, si Dios se ha hecho hombre, entonces es que esta realidad no puede dejar de tocar la vida de cada hombre, dondequiera y siempre, porque Dios es siempre y está en todas partes, y por ello también es ahora, aquí y ahora. El nacimiento de Jesús. Hijo de Dios, en la historia toca cada momento de la historia, y en particular cada Navidad.

A cuantos formamos la CAFA, a cuantos compartís la Fe con nosotros, a todos y todas… FELIZ NAVIDAD

Mensaje del Coordinador para la Cuaresma de 2020

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Este es el tiempo favorable, este es el día de la salvación
2Cor 5, 20-6,2

Hoy es un buen día para comenzar el camino hacia la Pascua, hacia un encuentro más sincero con el Dios de la vida buena y en abundancia. Hoy es un buen día para dejarme alcanzar por la ternura de Dios.

La Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia (Comunidad de bautizados), para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un «tiempo de gracia» (2 Co 6,2). Dios no nos pide nada que no nos haya dado antes: «Nosotros amemos a Dios porque él nos amó primero» (1 Jn 4,19). Él no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos. Cada uno de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede. Pero ocurre que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen… Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien. Esta actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial, hasta tal punto que podemos hablar de una globalización de la indiferencia. Se trata de un malestar que tenemos que afrontar como cristianos.

Cuando el pueblo de Dios se convierte a su amor, encuentra las respuestas a las preguntas que la historia le plantea continuamente. Uno de los desafíos más urgentes sobre los que quiero detenerme en este Mensaje es el de la globalización de la indiferencia.

La indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios es una tentación real también para los cristianos. Por eso, necesitamos oír en cada Cuaresma el grito de los profetas que levantan su voz y nos despiertan.

Dios no es indiferente al mundo, sino que lo ama hasta el punto de dar a su Hijo por la salvación de cada hombre. En la encarnación, en la vida terrena, en la muerte y resurrección del Hijo de Dios, se abre definitivamente la puerta entre Dios y el hombre, entre el cielo y la tierra. Y la Comunidad cristiana es como la mano que tiene abierta esta puerta mediante la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos, el testimonio de la fe que actúa por la caridad (cf. Ga 5,6). Sin embargo, el mundo tiende a cerrarse en sí mismo y a cerrar la puerta a través de la cual Dios entra en el mundo y el mundo en Él. Así, la mano, que es la Iglesia en su multitud de Comunidades, nunca debe sorprenderse si es rechazada, aplastada o herida.

El pueblo de Dios, por tanto, tiene necesidad de renovación, para no ser indiferente y para no cerrarse en sí mismo.

Con este deseo, aseguro mi oración para que todo creyente y toda comunidad eclesial recorra provechosamente el itinerario cuaresmal, y te pido que reces por mí.

Mensaje de Navidad del Coordinador

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Hoy os ha nacido un Salvador
Lc 2, 1-14

   A mis hermanas y hermanos en la CAFA y a cuantos compartís la Fe y el día a día con nosotros os deseo una muy feliz Navidad.

Estos días están llenos de felicitaciones, de buenos deseos y de ambiente familiar y festivo. Y no porque lo hagamos cada año, estos deseos pierden actualidad, al contrario, cada día son más necesario y urgente cultivarlos.
Por eso hoy quiero llevarte a tu hogar un mensaje de verdadera urgencia: Dios ha nacido; y lo ha hecho para traernos algo, ese algo que nos da como vergüenza proclamar: la salvación. Necesitamos ser salvados de tanto egoísmo, de tanta ignorancia, de tanta avaricia, envidia, egolatría, pereza,… de nosotros mismos también, porque es en darse a los demás y olvidarse de uno mismo, en donde radica la autentica felicidad. Pues bien, Dios que nos ha nacido nos muestra un camino de felicidad distinto al hacerse siervo; el que es Amor infinito, se ha hecho Amor encarnado. Esto es lo que celebramos en la Navidad, y eso nos llena de alegría y lo compartimos con la familia, loa amigos, los conocidos y los desconocidos, es tan grande lo que Dios nos ha dado que cada uno habrá de saber como agradecerlo. Por lo tanto no solo celebramos la ternura del niño de Belén, el amor de María, o la obediencia de José sino que en la Navidad pregustamos la salvación y la llamada a la resurrección de todos nosotros, la verdadera felicidad. Este niño nos trae la salvación, la autentica salvación, la autentica felicidad. Con su nacimiento se acaba la desesperanza, la oscuridad, el mal…

Te hemos esperado durante mucho tiempo.
Nos imaginábamos cómo serías.
Pensábamos que vendrías con poder.
Un poder como el nuestro,
pero mayor y a favor nuestro.
Y resulta que apareces
como un niño en un establo,
con un cortejo de animales.
Te imaginábamos
como guerrero fuerte,
con espada victoriosa.
Apareciste como niño que nos enseña
a trabajar por la reconciliación.
¡Alabado seas, Señor, por tu nacimiento en Belén!
¡Alabado seas, Señor, por tu inmenso amor!
¡Alabado seas, Señor, por ser como eres,
en nada parecido a lo que imaginábamos!

Feliz Navidad…

Mensaje de Pascua del Coordinador


¡Tenía que resucitar!
Jn 20, 1-9

En Cristo, Dios Padre pone a Jesús en pie. Eso significa anástasis (resurrección en griego): «puesta en pie». Y, con él, a toda a creación, llamada a la vida sin final para siempre. Esta buena noticia, la de que Dios vence a la muerte y todo lo mortecino, se convierte en explosión de alegría y se arraiga con fuerza en nuestro corazón, transformándose en una paz serena ante las dificultades, problemas, sufrimientos, enfermedades y muertes de cada día: ¡Dios no defrauda las esperanzas de los que lo invocamos como Padre!

Pidamos al Señor ver y creer. No existen los milagros, sino los signos, como los llama el evangelista Juan, y con razón. Sólo ve quien quiere creer, y quien ama mucho. Como la Magdalena, como Pedro y el discípulo amado. Mirar la creación, la primavera que florece año tras año, la sonrisa inocente de los niños, la ternura de la madre, la paciencia del abuelo… y ver al Señor detrás de todo…

¡Hoy es un día de fiesta! De celebrar en Comunidad, con la familia, con los amigos, vecinos. la vida a manos llenas que Dios nos regala en Jesús. Dejar que una gran sonrisa ilumine nuestro rostro y la vida apagada y triste de los que necesitan una inyección de esperanza.

La Comunidad Apostólica Fronteras Abiertas te desea una Pascua de Resurrección viva y fecunda.

¡Aleluya, Aleluya!

 

Mensaje del Coordinador al inicio de la Cuaresma

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Convertíos y creed en el Evangelio
Mc 1, 15

El tiempo de Cuaresma es una invitación de Dios a hacer silencio y a buscar momentos de soledad.
Pero no basta el silencio exterior, es necesario el silencio interior, que es todavía más difícil.
Cuántas veces vamos a rezar y hasta qué punto nos asaltan las preocupaciones, los agobios que no podemos pacificar nuestro corazón.
Si somos sinceros, reconoceremos que estamos llenos de nosotros mismos, de nuestras cosas.
Las preocupaciones materiales, en no pocas personas, tienen más fuerza que las realidades espirituales.
La Cuaresma si la vivimos desde la caridad, la oración y la conversión, nos ayudará a silenciar nuestros corazones de tantos ruidos que nos estorban y distraen para escuchar a Dios.
El silencio y la soledad son e camino para lograr la paz interior, son las puertas que dan acceso al encuentro y a la escucha de una persona que está viva: Jesús de Nazaret.

Te deseo que este tiempo que comienza con el gesto de la ceniza sea un tiempo provechoso en tu relación con Dios.